Home > Opiniones > Argentina frente al éxodo masivo venezolano
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“Para mí la noción de exilio es una idea siempre compulsiva; el exilado es de alguna manera el hombre a quien lo echan de su país, o que se ve obligado a irse porque su libertad o su vida corren peligro” Julio Cortázar. Uno de los grandes escritores que dio la Argentina supo plasmar con maestría el sentimiento de vacío que tienen los hombres y mujeres que se tuvieron que ir de su patria. Esto me hace trazar un paralelismo con la situación de Venezuela y de los cientos de venezolanos que han venido a nuestro país en busca de un futuro y bienestar para ellos y su familia.

En los últimos dos años, más de un millón de personas han decidido irse de Venezuela, en muchos casos por persecuciones políticas, en otros por falta de trabajo y malas condiciones de vida. De una forma u otra todos han pasado por el sentimiento de abandonar su lugar no por un deseo genuino sino por una necesidad.

Nuestro país siempre se caracterizó por recibir migraciones, las más conocidas y recordadas (porque muchos descendemos de ellos) es la europea de principios del siglo XX, donde españoles e italianos (entre otros países) se afincaron aquí. Prueba de ello son las vigorosas colectividades de las más variadas procedencias que componen nuestra vida ciudadana.

Otra evidencia de una larga coherencia histórica la hallamos en el propio preámbulo de nuestra Constitución Nacional: “…para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino…”, fiel a estas palabras la argentina nuevamente abrió sus puertas a los hermanos latinoamericanos, esta vez a los venezolanos que están viviendo uno de los momentos más graves de su historia reciente.

Si bien las últimas décadas se ha hecho más notoria la migración desde países de nuestra América del Sur, la crisis venezolana multiplicó la procedencia de ciudadanos de ese país. Nuestro gobierno ha tenido un gesto muy importante en los últimos días al decidir facilitar los trámites de residencia para los venezolanos, una medida ejemplar y responsable. Responsable porque nuestro país nunca ha dejado de ser una potencia regional y por lo tanto tiene un compromiso con todos los países de la región.

Esta decisión tiene una doble importancia: ratifica nuestra tradicional apertura a la inmigración y nuestra condición de país líder en la defensa de los Derechos Humanos, claramente afectados por el régimen de Nicolás Maduro.

La solidaridad para con los exilados venezolanos no alcanza. Se debe persistir en la presión de las democracias de la región y del mundo para que el estado de derecho recobre vigencia en la nación hermana. Fortalecer el poder legislativo y judicial deben ser una tarea primordial, también darle los espacios que le corresponden a la oposición, ese será el primer paso para poner de pie a un país que necesita urgentemente volver a la senda del progreso.

El gobierno de Cambiemos está en la dirección acertada. Es tiempo que desde los partidos y desde la sociedad civil reforcemos nuestra acción de solidaridad y reclamo en favor de la Democracia en Venezuela.

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