La Ciudad de la Furia

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Ayer fue un infierno para todos los que transitamos la zona del Centro de Buenos Aires por la concurrencia de diversos factores que hicieron colapsar el habitualmente complicado tránsito de la Ciudad. Y todo indica que en los días subsiguientes continuaremos padeciendo de un panorama similar.

Mientras el Jefe de Gobierno inauguraba un paso bajo nivel -que tendrá un positivo impacto en los desplazamientos a realizarse en los barrios de Agronomía y Villa Devoto- en el sector céntrico de Buenos Aires las opciones de movilidad eran casi nulas.

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Se optó por llevar a cabo todas las obras a la vez y esto afectó el normal desarrollo del tránsito. El motivo más convincente para justificar el apuro es de carácter electoralista: se superponen y agilizan las obras para poder inaugurarlas con anterioridad a la próxima elección. Pero ayer, al caos cotidiano, se le sumó otro condimento: la protesta de organizaciones sociales. El resultado fue una Ciudad sitiada en su núcleo más condensado. El corte fue total en la Av. 9 de Julio, incluidas las calles Lima y Bernardo de Irigoyen y ambos carriles del Metrobús.

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Así, quienes intentaban desplazarse por el microcentro se toparon con una carrera de obstáculos. Primero el cierre de varias arterias afectadas a obras de nivelación del anunciado “Plan de Peatonalización”. Si se lograba escapar de esa primera trampa vehicular y se accedía al bajo: obras del Metrobus sobre las avenidas Leandro N. Alem y Paseo Colón que, conforme el optimismo gubernamental, “pretende reducir en un 45% los traslados en el autotransporte de pasajeros entre Retiro y el Área Central y Sur de la Ciudad”. Pero si de algo estamos seguros es que ayer transformaron la zona en un estacionamiento a cielo abierto.

¿Acaso Buenos Aires no cuenta con un Plan de contingencias para situaciones extraordinarias? ¿No es posible plantear un cronograma de obras que permita la utilización de arterias secundarias como alternativa al colapso de las principales? No se puede prescindir de la presencia del Estado en la vía pública en momentos de tensión y conflicto, como garantía de una pacífica convivencia y ejercicio de derechos en nuestra Ciudad.

Compartimos con el Poder Ejecutivo porteño la necesidad de realizar obras que incrementen los desplazamientos peatonales y aquellas que fomenten la utilización del transporte público. También compartimos la necesidad imperiosa que tiene Buenos Aires de desalentar el uso del automóvil particular. Pero no es posible que los cortes y piquetes proliferen de la forma que lo han hecho en estos meses ante la pasividad del Gobierno de la Ciudad.

Sobre el Autor: H.R.

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